Nada más abrir la puerta del bar ya está saludándote con una
sonrisa y aquello que sea que pidas habitualmente (en mi caso, puesto que la visita diaria se produce después de comer, un café con hielo).
Lleva el pelo corto, muy corto, bromeando la llamo "teniente O´Neil" y, es verdad que detrás de ese aspecto de mujer
dulce, todo sonrisas y cariño, hay una auténtica dama de
hierro.
Y pienso que no puede ser, que es injusto, que no imaginaba una situación así para alguien como ella. Me siento fuera de lugar hablando de la vida con alguien mayor que yo, pero para mí es tan obvio... Soy una cría, no he vivido mucho, no puedo ofrecerle grandes consejos... pero sí he querido de verdad, y creo que a mí también me quisieron.
Se excusa en su sensibilidad y el poco amor que siente por sí misma.
Le excusa en su inseguridad.
Y la intento convencer de que no hay excusas que valgan, que respetar a una persona es la
columna maestra del amor. Sin
respeto no hay relación, ni futuro, ni hogar que se sostenga, abrazo de buenas noches, ni beso de buenos días... sólo hay dudas, y
miedo.
Lo único que puedo hacer es estar allí, escuchar y dar apoyo...